Carrito  

Sin producto

Transporte 0,00 €
Total 0,00 €

El puente del diablo

Adolfo Castán Sarasa nos relata el cuento del "El puente del diablo" de Mediano. Las ilustraciones son de Mercedes Uriel.

0,00 € IVA incluído

978-84-96972-19-3

Disponibilidad: Este producto ya no está en stock


Indicarme cuando esté disponible

Sucedió en Mediano.Había una vez un valle lleno de arboles.

Alicia, amorcito, ¡qué alegría tan inmensa nos diste cuando te vimos a nuestro lado¡. Tan chiquita, tan frágil, tu fatigado cuerpecito pidiendo calor... Pero con el paso de los meses ya has llegado a la sala de las puertas y has comido el pastel de su mesa solitaria, por eso has comenzado a crecer, crecer y crecer...
Se acerca tu segunda navidad entre nosotros y para celebrarlo hemos pensado contarte una leyenda adornada con dibujos hechos solo para ti. Pronto podrás leerla pero antes la escucharás contada por tus abuelos que aquí en Huesca  tenían un segundo nombre: yaya y yayo. La tarea más importante de los yayos es cuidar a sus nietos y por eso Fina, Pascual, Marian y Adolfo te cuidamos muchos días y estaremos a tu lado siempre que nos necesites.
Alicia, antes de contarte el relato es importante decirte dos cosas, la primera es que para la mayoría de nosotros al menos existen dos mundos, el real de cada día y fantasía. Este último aparece de vez en cuando en nuestros sueños, unas veces durmiendo y otras estando despiertos...
La segunda es que el día 2 de julio de 2012 ocurrió un suceso extraordinario que sorprendió a todos los investigadores del gran observatorio astronómico de fantasía. La alerta fue dada por los contadores de estrellas que cada noche repasan la lista de los objetos celestes llamándolos por su nombre. A las dos horas y cinco minutos de la madrugada desaparecieron sin dejar rastro las estrellas Sonrisa y Esperanza, dos luceros de intenso brillo azul. La directora del observatorio ha propuesto la realización de un congreso que estudiará el inexplicable fenómeno.
Exactamente a esa misma hora, querida Alicia,  rompías el umbral de la vida cayendo por un pozo oscuro, después te deslizabas por el tobogán del arco iris y perforabas la puerta del tiempo. Dos rayos de viva luminosidad que venían del cielo atravesaron la ventana de cristal y dieron luz a tus ojitos. Cuantos estaban en el quirófano quedaron deslumbrados pero tampoco supieron explicar el prodigio. ¡ Casualmente yayo tiene amistades en el mundo de fantasía y por ellos  sabe que ahora las estrellas Sonrisa y Esperanza colorean tus ojitos y viven muy contentas en el fondo de tu corazón¡
 

Besos de Merce y Adolfo en la Navidad de 2013.

 
SUCEDIO EN MEDIANO
Había una vez...un valle lleno de árboles y rodeado por escarpadas montañas. Lo cruzaba un río caudaloso, el Cinca, que fertilizaba las buenas tierras de una fugaz llanura. El lugar prometía dar de comer  y un matrimonio de labradores construyó al lado del agua una pequeña cabaña, una borda para guardar la hierba y una corraliza redonda cerrada con buchos donde convivían un puñado de ovejas, siete cabras de pelo royo y una docena de gallinas.
Las cuatro hijas de aquellos campesinos armaron otras viviendas y los nietos sumaron nuevas familias que terminaron por formalizar un pueblo que como no era pequeño ni grande llamaron Mediano. Pasados cinco siglos las casas y corrales de los tataranietos de aquellos primeros pobladores se agrandaron enormemente y se organizaron formando calles  que se juntaban en la plaza, presidida por iglesia de altísima torre y un chato esconjuradero destinado a disolver tormentas veraniegas de pedrisco, pues cuando en el sol quemaba demasiado, negrísimos nubarrones amenazaban el trabajo del año pasado y el pan del año siguiente.
Allí iniciaron muchas gentes la fantástica aventura de la vida a lo largo de mil años y lo seguirían haciendo pero aquel Mediano, fruto de una elaboración paciente, yace bajo las aguas de un embalse que se llenó de agua en el año 1969. Solo quedaron fuera los ojos de la torre de la iglesia, a modo de periscopio del hundido submarino de piedra. Asiduamente, en meses de sequía, esqueletos blancos de casas ahogadas emergían de aquel mundo frío para deleite de merodeadores románticos que gustábamos de paseos entre fantasmas. En una de estas esporádicas apariciones, colosales máquinas arrasaron lo poco que todavía aguantaba, respetando la iglesia y el esconjuradero.
En la actualidad cuantos viajeros curiosos circulan por  las orillas del pantano observan que en este trozo de tierra se alojan dos Medianos, el viejo duerme bajo las aguas y otro nuevo, con casas de cemento y tejas rojas, se agarra a la vida de un camino de asfalto. A un lado se alinean las casas, al otro campos de labor y en medio,  la carretera. Son los hogares del después, las que pregonan que la vida continúa, la cara del moderno Mediano que peina sus cabellos en el espejo del embalse.
Y ahora viene lo bueno Alicia, abre bien las orejitas y prepárate para decir ¡halaaaaaa....¡. Los vecinos del lugar saben que en lo más profundo de este lago se esconde un puente que tiene una emocionante historia grabada en la memoria de sus mayores, asegurando que las arcadas fueron volteadas por el mismísimo Satanás, rey del infierno.
 
EL PUENTE DEL DIABLO
Cuando yaya Marián y yayo Adolfo éramos más jóvenes dedicábamos muchos fines de semana a dibujar y fotografiar iglesias, castillos, puentes y todo aquello que nos gustaba. Comíamos sabrosos bocadillos al lado de una fuente y dormíamos en casas vacías, pajares o en el mismo coche.
En la primavera de 1980 examinábamos los pueblos de la orilla occidental del Cinca. Tu mamá Sescún llevaba ya dos años y dos meses  en la familia, nos acompañaba a menudo en las excursiones y otras veces se quedaba en Huesca con yaya Ángeles o tía Pilar. Tu tío Jorge no había nacido pero de alguna manera percibíamos que estaba preparado para atravesar la distancia.
Mediado el mes de abril de aquel año arribamos a Camporrotuno. Era una tarde gris bastante fresca y con amenaza de lluvia. Fotografiando la hermosa portada de una casona antigua entablamos animada conversación con dos hermanas que residían en ella, Orosia y Alicia. Nos invitaron a pasar cruzando las soberbias bóvedas del patio que se prolongaban por cuadras y bodega. Del patio partía una escalera que dejaba en la cocina donde bailaban los reflejos rojizos que soltaban dos tozas de cajico casi consumidas. No desdeñamos una calentada reconfortante, comentando a nuestras amables anfitrionas que veníamos de Mediano. Y eso hizo despertar los recuerdos de aquel acontecimiento fantástico...
Ambas echaron la vista atrás evocando la tierna figura de su abuelo, su apacible mirada, su cara redonda curtida por el sol, su negra boina flotando sobre las orejas...
-Nos sentábamos en esta cadiera y subiéndome a su rodilla izquierda me invitaba a mirar al fuego fijamente.
-Si lo haces con ilusión, pronto verás -decía- la danza de las olas rojas envolviendo esa olla que cuelga del calderizo. En el vapor del agua hirviente,  ese humo blanco que cruza deprisa las negras paredes de la chaminera, hay decenas de historias escritas que todos los yayos podemos leer. Y casualmente en este momento, querida Alicia, comienza a salir una, la del Puente del Diablo...
Hace muchísimos años andaban las laboriosas gentes de Mediano con la preocupación constante que suponía atravesar el caudaloso Cinca por un vado de inseguras piedras. La imperiosa necesidad de cultivar parcelas en la orilla izquierda del río obligaba a pasar una y otra vez el curso de sus abundantes aguas que no siempre bajaban mansas.
En una ocasión el agua empezó a crecer y casi arrastró dos mulas y el amo que tiraba con fuerza del ramal para obligar a los animales a seguir. A veces el camino del agua engordaba con violentas avenidas que incluso duraban días y los que estaban al otro lado pasaban la noche en las bordas que amojonaban cada propiedad, una especie de segundo hogar para casos de necesidad en los que las horas se hacían largas y angustiosas.
A la vista de tales dificultades, que en mayor o menor medida afectaban a todos, comenzó a bullir en la mente de los hacendosos habitantes la necesidad de acometer una obra  costosa y compleja, tender un puente aprovechando la solidez y angostura de los flancos calizos previos al congosto del Entremón, más aquí de la brecha y al pie de los agrestes riscos que fortificaron los cristianos de antaño.
Aquella tarde de domingo, como era costumbre, bastantes vecinos habían acudido a tomar el sol en la pared de la iglesia, era un magnífico carasol al lado del esconjuradero. Componían mayoritariamente el grupo hombres de todas las edades con el rostro tostado, escasos de pelo y vestidos con recias telas oscuras. Poco a poco se fueron incorporando a la informal asamblea algunas mujeres con los niños, Pepe el carbonero y Anselmo el pastor.
Se hablaba de todo, chismes sobre los pueblos de al lado, de las próximas fiestas, de la falta de agua en los campos...
Uno de los temas habituales de conversación era la urgente necesidad de soldar las orillas del Cinca con un puente. Inevitablemente las miradas volaban hacia los acantilados del sur, estáticos y retadores. Ese era el punto adecuado para el puente, antes de que el agua arrancase el ronco sonido de piedras en movimiento golpeando los estrechos flancos. Tras largas disquisiciones siempre terminaba por vencer la resignación y el puente de cristal saltaba hecho añicos en aquellas mentes reacias a los sueños. Como decían los más escépticos, la razón acababa por imponerse.
Todavía flotaban los ecos de las últimas voces, cuando por el camino de herradura que unía Mediano y Aínsa se acercaba con paso decidido una figura espectral tapada de riguroso negro, un cubretodo de pliegues caídos cuyo interior parecía vacío. Nunca le había visto ni tenían referencia alguna, pero  todos los reunidos vieron en ella mucho de siniestro, al monarca de los infiernos, al mismísimo Lucifer. Y conteniendo la respiración se quedaron tan mudos como las piedras del campanario que tenían a su espalda.
El diablo se plantó en medio y saludó con voz profunda.
-¡Hola gentes de Mediano!. Tranquilizaos, no os asustéis. Solo pretendo ayudaros. He oído  durante largos años vuestros lamentos y yo soy la solución.
Algunos dieron un paso atrás, otros disimuladamente salieron corriendo y unos pocos aguantaron el tipo, clavados por el miedo. Pero la noticia corrió a la velocidad del rayo, los hogares se vaciaron y el centenar de habitantes se aproximaba con cautela al nervioso escenario.
-¡ Calma!, -susurró una voz gastada por los años-. ¿Para qué has venido a nuestro tranquilo pueblo?.
Ya he dicho –contestó Satanás- que he decidido echaros una mano. Yo os ofrezco levantar un puente que tendrá la perdurabilidad de lo eterno. Y los tiempos futuros admirarán mi...., bueno, vuestra obra.
Con voz medrosa, el anciano inquirió:
-¿ Y cuánto nos va a costar?.
Nada, absolutamente nada –afirmó el diablo-. Bueno, algo sin importancia, sin valor, una minucia...
Pues, suelta ya la ganga que estamos impacientes.... –apostilló el campesino.
Solemnemente el diablo metió sus manos entre los pliegues del vestido y sacando un pergamino de piel leyó en voz alta:
-Yo Lucifer, rey del infierno, os edificaré un puente como este durante la noche. Quedará completamente terminado antes de que el primer rayo de sol de mañana haga cantar al gallo. A cambio os pido vuestras almas..., pero no ahora, sino cuando ya no os sirvan para nada, cuando hayáis dejado esta mísera vida de trabajo. ¿Qué decís?
Ante tal propuesta los curtidos lugareños sintieron cosquillas en el estómago y pesadez en el pensamiento. Caras temerosas se miraban en silencio, con los brazos caídos y respiración entrecortada. Algunos rompieron el miedo y comenzaron a dialogar con los que estaban alrededor. Después los más atrevidos, en voz muy baja, vertieron pros y contras. Finalmente todos intervinieron, llegando a dos conclusiones meditadas y consensuadas: la necesidad del puente y el arrepentimiento posterior a la obra, para lo cual buscarían alguna fórmula con ayuda del cura y dela Virgende Monclús, santuario de paredes encaladas arrimado a una roca. En definitiva querían un puente pero sin costos ni en ésta ni en la otra vida.
En consecuencia la propuesta del diablo fue aceptada.
El postrero sol de la tarde ya se había despedido hacía rato por el sinuoso horizonte de Linés. Silenciosamente los reunidos iniciaron el retorno a sus viviendas. ¡Sin duda iba a ser una larguísima noche!. También Lucifer salió a toda velocidad para organizar la obra.
Lucas el leñador, que vivía al final de la localidad, cruzó la plaza y mientras se dirigía calle arriba, daba vueltas a las palabras pronunciadas por el diablo: “antes de que el primer rayo de sol haga cantar al gallo...”.
-Creo que éste nos quiere engatusar. Es imposible que el diablo juegue limpio... –pensaba en voz alta-. Por si acaso....
Los siguientes pasos le llevaron al zaguán de su casa. Con rapidez encendió el candil y atrapó un talego de cargar cebada. Ya en el corral abordó las escaleras del gallinero y penetrando en éste agarró por el cuello al gallo de cresta tiesa que dormía en la palanca, echándolo al fondo del saco y atando la boca con una cuerda. Aliviado retornó al patio, subió al recibidor y atravesando la sala dejó al animal oculto bajo la cama de la alcoba, su lugar habitual de reposo. Más tranquilo, salió para mover el rescoldo del hogar, amontonando unas astillas de pino que avivaron el fuego.
Mientras tanto Lucifer al principio no parecía tener prisa. Muy seguro de su fuerza, comenzó a trabajar bajo la espesa oscuridad de la media noche. Pero después, con ritmo vertiginoso fue recorriendo, sin olvidarse ninguno, los gallineros del pueblo, matando a todos los gallos que dormían plácidamente. Uno solo sobrevivió a la masacre, ajeno a la suerte de sus bulliciosos camaradas, ignorando a su vez el diablo la ocultación.
Confiando Satanás en que por un poco de retraso ningún gallo cantaría, se puso manos a la obra. Tiró el ropaje que ocultaba su piel de fuego dejando al aire los cuernos afilados y una larga cola en forma de serpiente. Con endemoniada rapidez perforó los fundamentos, amarró los estribos a los cantos del río y comenzó a voltear el gran arco centrado, pegando con argamasa gruesas dovelas de piedra caliza.
La noche avanzaba, la gente daba vueltas en la cama sin conciliar el sueño y el diablo apilaba pedrusco tras pedrusco sin descanso.
Y como todos los amaneceres, la aurora traía rayas anaranjadas por detrás deLa Fueva. Lassiete de la mañana estaban al caer y pronto el sol desbordaría las crestas de la sierra de Palo, llenando la hondonada de Mediano y agotando el plazo marcado por el diablo.
Como no dormían, los vecinos se iban levantando para observar el titánico esfuerzo. Todos estaban en pie y naturalmente también Lucas, dueño del gallo superviviente que acudió a la cita, no sin antes dar suelta al animal de cuyo grito dependía la salvación o condenación del pueblo entero.
La situación no podía ser peor. Satanás, imperturbable y sonriente, colocaba los últimos sillares del pretil. A falta de dos bloques en el antepecho norte ya no era posible que el sol asomara los ojos. El diablo levantó como si fuera una caja de cartón el penúltimo pedrusco, engastándolo al borde del tablero y soltando una risotada que heló la sangre de los desahuciados espectadores.... Ya tenía en sus manos el último, la pieza final del puzle, el pasaporte del aterrorizado vecindario para las calderas hirvientes del averno.  
Y ayudó la providencia. Sin intervenir hasta este momento,la Virgende Monclús había abandonado la ermita cercana, trasladándose hasta las inmediaciones del puente, observando los hechos con sentido dolor detrás de una mata de boj, “la bucheretala Virgen”. En modo alguno podía abandonar a unos hijos tan fieles seducidos por la trampa demoníaca.
Así la Virgen se convirtió en sol, lanzando vivísimos rayos de luz cegadora, llegando instantáneamente al pueblo e invitando al solitario gallo a entonar el mesiánico ¡kikirikíííí....!.
A falta de la última piedra, que estrelló rabiosamente en el fondo del río,  el diablo perdedor huyó lanzando horribles chillidos y sus dedos encorvados amenazando el fulgor del sol. LaVirgen tornó al lugar acostumbrado y las gentes de Mediano dejaron el hueco simbólico  para recordar tamaño milagro a las generaciones venideras.
................
 
Querida Alicia, esta es la leyenda que tus abuelos Marian y Adolfo escuchamos en aquel hogar de Camporrotuno. Hemos esperado mucho  tiempo para poderla contar, pero esta espera ha sido largamente recompensada. Y nunca dejaremos que Sonrisa y Esperanza salgan de tu corazón...
 

..